La semana pasada se difundió la investigación de un fiscal
que imputa a personajes de este gobierno argentino en el peor crimen que
ocurrió en Buenos Aires, en 1993, es decir la voladura del edificio de la AMIA,
con decenas de muertos y heridos.
La presidenta, el ministro de Relaciones exteriores, un
diputado del partido oficial, dos “parafuncionarios” extremistas, un iraní y
otros personajes, fueron denunciados e imputados de un grave delito.
Hoy se conoce la noticia del fallecimiento del fiscal que
investigó y preparó toda la denuncia.
Dicen que fue suicidio.
El problema es que este gobierno no tiene credibilidad para
asegurar ni confirmar el suicidio.
Tampoco bajo qué circunstancias se podría haber suicidado,
es decir si hubo “suicidio inducido”.
Ni credibilidad ni autoridad moral para defenderse.
Todos tenemos libertad para suponer cualquier cosa.
Quizá haya sido un suicidio, efectivamente, debido a las
presiones y amenazas que seguramente haya recibido por las denuncias
formuladas.
Hay que imaginar que las diferentes capacidades de acción y
defensa entre el fiscal por un lado y por el otro la suma del Estado argentino
manejado por un gobierno dudoso, con un grupo militar de antecedentes “de plomo”,
por grupos de choque armados y financiados por este gobierno, además, apoyados
o presionados (¿?) por una potencia externa y extremista, que tiene nefastos
antecedentes, todo esto contra él y su familia.
¿Se podría unir este “suicidio” con el “faltante” de un
misil de una unidad militar?
Hace un tiempo “desapareció” un camión con municiones y
armamento, en tránsito. Nunca más se habló del tema.
La situación de la sociedad argentina en este momento es
indisimuladamente frágil.
Resurgir del pozo del fracaso que nos llevó el kirchnerismo
va a requerir al menos dos generaciones, o también tres.
La putrefacción que desparramó el matrimonio y sus adláteres no serán fáciles de borrar.
La putrefacción que desparramó el matrimonio y sus adláteres no serán fáciles de borrar.
Culturalmente hizo mucho daño; la educación está en su nivel
más bajo.
La economía monopolizada por un grupo de ineficaces
conductores, lleva al aislamiento internacional, la imposibilidad de
crecimiento y dentro de poco, hasta de producir alimentos.
La institucionalidad sufrió la guerra más cruel y profunda
de toda la historia; incluida los tiempos de las olvidables revoluciones
militares, las que pese a todas las críticas que pueden hacerse, siempre
terminaron con convocatorias democráticas.
El trabajo escasea pero lo que es peor y maligno: escasea el
interés del trabajo y aumentó la lucha por conseguir planes para vivir colgados
de aquellos que trabajan o producen algo.
La mentira es la gran creación kirchnerista. Fueron y son
maestros en la materia.
Eso es lo único grande de este periodo: la mentira como
medio de vida.
Queda un último párrafo para recordar al fiscal Alberto
Nisman, fallecido este fin de semana y hacer llegar mis condolencias a su
familia por el momento que tiene que atravesar. Esperamos, todos, que se
esclarezca y se lleve hasta sus últimas consecuencias el expediente que le
llevó la vida.
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