lunes, 16 de enero de 2012

Una posición globalizada

Globalizar es una de las mejores cosas que le ha pasado a la humanidad.
Creo que no fue buscado, sino que se dio como consecuencia de aportes individuales que fueron aprovechados por minorías, para que luego las mayorías se involucrasen.
En otro tiempo, el que tenía la materia prima era el "dueño del negocio". Había más demanda que oferta.
Pasó el tiempo y cuando hubo más oferta, la demanda se adueñó del negocio.
Los servicios pasaron a ser la clave del comercio mundial.
Aparecen los computadores y la conexión se hace más rápida, fluida y generalizada.
Se pasó a la era de la comunicación. El que maneja la comunicación es el dueño del negocio.
Dicen que el manejo del conocimiento dominará el gran negocio.
Totalmente cierto. El conocimiento será la clave para el próximo tiempo.
Pero atención, que mucha información es desinformación.
Llegará la hora en que todos los humanos tendrán acceso a la información. Sin olvidar que en muchas sociedades (o países) tendrán interrumpido ese acceso pues a sus gobiernos no les interesará tener gente capaz, inteligente y con libertad, así podrán manejarlos más fácilmente. Esto no es una utopía sino que ya está vigente en muchos lugares, como Corea del Norte, China, Cuba, Venezuela, Nigaragua, Argentina, Burkina Fasso y varios otros países de África, a los que podemos sumar los regidos por la ley musulmana.
Esos gobiernos no hablan de globalización, sino de sectorización.
Demonizan la aspiración de contar con un mundo sin fronteras, para poder gobernar y manejar los dineros y el poder, dentro de determinadas líneas.
El sueño cantado entre muchos por John Lennon (...imagine the world without countries...) utopía a la que la Europa Unida se acercó en cierta forma, está volviendo a retraerse.
Suenan los tambores de la separación.
En América del sur, el "sueño bolivariano" (más pesadilla que sueño) quiere formar un subcontinente unido sólo para oponerse a Estados Unidos. No lo es para que se esté mejor, con más libertad, mejor estándar de vida: NO, sólo es para "oponerse a".
Siempre se envidia lo que se supone que está por encima de uno y dictadores como Castro o Chávez piensan -aunque a nivel subconciente y sin admitirlo- que USA es mejor que lo que viven ellos. Entonces se lo debe atacar.
Pero parten de premisas falsas: América NUNCA estuvo unida, incluso la precolombina.
Entonces, el "sueño" de estos dictadores es la semiglobalización, por así llamarla de sólo un sector del mundo. La clave es que esta "semiglobalización" sería buena pues... ¡estaría manejada por ellos!
De hecho un boliviano tiene poco o nada que ver con un colombiano, o un paraguayo, Son distintos sus gustos, aspiraciones, idioma, comidas, intereses, educación, etcétera.
Globalizar, palabra soñada.
Es utópico, SI, porque el ser humano es... humano.
Las tensiones que están produciendo son fuertes.
Creo positivamente que en los próximos años, las fronteras de los países tal como se ven ahora serán modificadas. Habrá esciciones, sin dudas.
Lo que nos queda por esperar es que estas sean pacíficas, civilizadas, al menos dentro de lo posible.

Momentos de zozobra

La caída de todo imperio viene precedida por grandes momentos de zozobra e incertidumbre. Las razones de esas vivencias tienen sus raíces tanto internas como externas.Aquellos que están viendo "desde afuera" envidian la vida de los incluidos; mientras que los de "adentro" se desvinculan de los excluidos. Y nadie envidia al que está en una posición inferior, eso está claro.
En esos momentos de transición aparecen personajes que arrastran multitudes con promesas irrealizables, promesas que invitan a una vída idílica, utópica, hipotética, espiritual, superior o lo que sea, pero siempre dando un nuevo enfoque a lo que se está viviendo.Total, los oyentes no exigen garantía escrita de su promesa o plan; solo basta con utilizar o aplicar una fórmula de interpretación de la realidad a través de la fe. La fe mueve montañas, se dice. En realidad no las mueve, sino que permite encontrar el camino para sortearlas.
En la historia es difícil que una situación determinada provoque una reacción prevista en forma inequívoca. Se puede afirmar, por el contrario, que la suma de una serie de circunstancias coinciden en un punto donde las consecuencias posibles se van restringiendo a solo un puñado de opciones. Pero no a una sola.
En estos años que está viviendo toda la humanidad pasan cosas que comprometen a toda ella, casi sin excepción.
El mundo moderno ha hecho de la interacción una de las cosas más brillantes desde el inicio de los tiempos. Pocas veces en la historia se puede pensar que tanta gente ha estado incluida en el programa, en el reparto, en la dinámica del crecimiento como en la época actual.
Como toda acción humana esa integración también ha sido el motivo de las desaveniencias y disparidades que se viven.
La xenofobia, el racismo y la envidia simple, van generando el germen de la desintegración.
Si queremos buscar las raíces del actual estado de decadencia virtual, podríamos remontarnos a buscar entre las heridas abiertas desde hace tiempo y no debidamente cerradas en las sociedades.
Antes de continuar debemos aclarar que que todo acto humano es imperfecto, pues una u otra postura pueden ser mejoradas en un futuro.
Sin entrar en un minucioso análisis de las causas de la llamada Primera guerra mundial, podemos concluir que el mal final obtenido en el momento de la firma del armisticio desembocó en la irracional masacre de la Segunda, con el anterior y sistemático programa de destrucción y genocidio.
Todo esto sin olvidar que además de la triste figura de Hitler y sus generales, se le sumó la ambición de Mussolini, la superioridad japonesas y demás autores.
El cruce de balas terminó en 1945, pero sin dispararse tiros continuó en la guerra fría.
Esta vez a las razones comerciales, culturales e ideológicas, la frialdad mantuvo una equidistancia, con la excepción de, digamos, "escaramuzas violentas" dadas en Corea, Vietnam, Angola y muchas otras que llenarían colecciones enteras de libros.
Son como remezones de un terremoto.
La guerra tiene raíces gestadas en la envidia, celos y odios. Esa envidia de aquel que cree o supone al otro en una posición superior o simplemente más arriba. Por los celos de querer tener lo que el otro posee o disfruta. Por el odio a lo diferente incluida la diferencia religiosa.
Estamos viviendo los estertóreos movimientos de una sociedad; la sociedad del bienestar, según muchos.Hay quienes aseguran que esta crisis será más leve para la economía del mundo que la de 2008 y que China sumará su crisis en 2013/2015, produciendo nuevas corridas.
Lo que está claro es que por el momento no se ve en el horizonte cómo será la nueva época.
Volviendo al comienzo de la nota: a las épocas de apogeo le siguen de búsqueda, de pruebas, de desequilibrios.
Aparecerán (ya aparecieron) voces mesiánicas que con cantos de sirena llevarán las barcas a encallar en las costas de la miseria, dictaduras, despotismos y desigualdades terribles.
Finalmente se volverán a vislumbrar dos potencias antagónicas que sumarán aliados y también habrá indiferentes.
Es de pensar que las actuales fronteras modificarán sus líneas en las próximas décadas.
Las líneas del odio, del egoísmo, de los celos y de la envidia, modificarán sus límites para buscar nuevos enemigos.
El concepto del bien y del mal será adaptado a las nuevas necesidades y estructuras, pero no dejarán de ser dos posturas; el ying y el yang, el bien y el mal.
La aventura del ser humano seguirá su ruta volviendo a transitar por caminos conocidos, pero con otras vestiduras.
El problema no pasará por la economía, sino por la cultura, como siempre ha sucedido.