lunes, 16 de enero de 2012

Momentos de zozobra

La caída de todo imperio viene precedida por grandes momentos de zozobra e incertidumbre. Las razones de esas vivencias tienen sus raíces tanto internas como externas.Aquellos que están viendo "desde afuera" envidian la vida de los incluidos; mientras que los de "adentro" se desvinculan de los excluidos. Y nadie envidia al que está en una posición inferior, eso está claro.
En esos momentos de transición aparecen personajes que arrastran multitudes con promesas irrealizables, promesas que invitan a una vída idílica, utópica, hipotética, espiritual, superior o lo que sea, pero siempre dando un nuevo enfoque a lo que se está viviendo.Total, los oyentes no exigen garantía escrita de su promesa o plan; solo basta con utilizar o aplicar una fórmula de interpretación de la realidad a través de la fe. La fe mueve montañas, se dice. En realidad no las mueve, sino que permite encontrar el camino para sortearlas.
En la historia es difícil que una situación determinada provoque una reacción prevista en forma inequívoca. Se puede afirmar, por el contrario, que la suma de una serie de circunstancias coinciden en un punto donde las consecuencias posibles se van restringiendo a solo un puñado de opciones. Pero no a una sola.
En estos años que está viviendo toda la humanidad pasan cosas que comprometen a toda ella, casi sin excepción.
El mundo moderno ha hecho de la interacción una de las cosas más brillantes desde el inicio de los tiempos. Pocas veces en la historia se puede pensar que tanta gente ha estado incluida en el programa, en el reparto, en la dinámica del crecimiento como en la época actual.
Como toda acción humana esa integración también ha sido el motivo de las desaveniencias y disparidades que se viven.
La xenofobia, el racismo y la envidia simple, van generando el germen de la desintegración.
Si queremos buscar las raíces del actual estado de decadencia virtual, podríamos remontarnos a buscar entre las heridas abiertas desde hace tiempo y no debidamente cerradas en las sociedades.
Antes de continuar debemos aclarar que que todo acto humano es imperfecto, pues una u otra postura pueden ser mejoradas en un futuro.
Sin entrar en un minucioso análisis de las causas de la llamada Primera guerra mundial, podemos concluir que el mal final obtenido en el momento de la firma del armisticio desembocó en la irracional masacre de la Segunda, con el anterior y sistemático programa de destrucción y genocidio.
Todo esto sin olvidar que además de la triste figura de Hitler y sus generales, se le sumó la ambición de Mussolini, la superioridad japonesas y demás autores.
El cruce de balas terminó en 1945, pero sin dispararse tiros continuó en la guerra fría.
Esta vez a las razones comerciales, culturales e ideológicas, la frialdad mantuvo una equidistancia, con la excepción de, digamos, "escaramuzas violentas" dadas en Corea, Vietnam, Angola y muchas otras que llenarían colecciones enteras de libros.
Son como remezones de un terremoto.
La guerra tiene raíces gestadas en la envidia, celos y odios. Esa envidia de aquel que cree o supone al otro en una posición superior o simplemente más arriba. Por los celos de querer tener lo que el otro posee o disfruta. Por el odio a lo diferente incluida la diferencia religiosa.
Estamos viviendo los estertóreos movimientos de una sociedad; la sociedad del bienestar, según muchos.Hay quienes aseguran que esta crisis será más leve para la economía del mundo que la de 2008 y que China sumará su crisis en 2013/2015, produciendo nuevas corridas.
Lo que está claro es que por el momento no se ve en el horizonte cómo será la nueva época.
Volviendo al comienzo de la nota: a las épocas de apogeo le siguen de búsqueda, de pruebas, de desequilibrios.
Aparecerán (ya aparecieron) voces mesiánicas que con cantos de sirena llevarán las barcas a encallar en las costas de la miseria, dictaduras, despotismos y desigualdades terribles.
Finalmente se volverán a vislumbrar dos potencias antagónicas que sumarán aliados y también habrá indiferentes.
Es de pensar que las actuales fronteras modificarán sus líneas en las próximas décadas.
Las líneas del odio, del egoísmo, de los celos y de la envidia, modificarán sus límites para buscar nuevos enemigos.
El concepto del bien y del mal será adaptado a las nuevas necesidades y estructuras, pero no dejarán de ser dos posturas; el ying y el yang, el bien y el mal.
La aventura del ser humano seguirá su ruta volviendo a transitar por caminos conocidos, pero con otras vestiduras.
El problema no pasará por la economía, sino por la cultura, como siempre ha sucedido.

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