Si uno conoce sus verdaderas intenciones y las dice está "atacando" la libertad de opinión.
Cuando llegan al poder con banderas falsas, ocultan las reales o están escritas en letra tan chica que no se pueden leer ni con el mejor aumento.
Hacen negocios personales para enriquecerse y vivir mejor que los demás porque se creen la "clase elegida".
Colocan a sus pocos amigos -aunque esta palabra no los defina precisamente- en lugares claves, pero los extorsionan por si en el futuro quieran darse vuelta. Incluso pueden hasta hacerlos desaparecer.
Una vez en el poder y de a poco, se les va viendo sus verdaderas intenciones.
Dominan la mentira como nadie en el mundo.
Generan empatía con clases mediocres, vagos, o ignorantes. Y fomentan esas condiciones elevándolas no para que crezcan como personas o seres humanos, sino para generar divisiones en la sociedad.
Agitan el fantasma del miedo, de las persecusiones, de las conspiraciones en su contra.
Se transforman en víctimas.
Pero son victimarios de la libertad, de la verdad, de la vida: son LA MUERTE.
La mentira es su gran emblema.
Este relato simple puede encajar en muchas etapas de la vida humana en la tierra, en muchas sociedades.
Basta analizar un poco la revolución francesa, productora de muertes a diestra y siniestra, sociedad que tardó muchos años en darse cuenta que la grieta formada por el odio tardó demasiados años en desaparecer y recién allí pudieron comenzar a crecer.
Lo vivió también la sociedad rusa, aplastada por la revolución bolchevique que trajo aparejada un muerte y destrucción; castas de "puros" viviendo con lujos mientras que millones lo hacían con mendrugos y sobras.
La Cuba de Castro, la España de Franco; muchos ejemplos.
Ahora toca a América Latina: el chavismo empezó como demócrata, escondiendo su verdadera dimensión y ahora está en su peor nivel, quedando los despojos de la otrora sociedad de oportunidades.
Y la sociedad argentina no escapa a esta forma perversa de generar una sociedad.
La separación social es tajante y fogoneada por el poder de turno.
La mentira es política oficial, ya sin tapujos.
Se repiten las actitudes y las políticas experimentadas primero en Venezuela para luego trasladarla a la Argentina.
El resto del mundo dice, con razón: "son problemas internos".
Pero se equivoca, son problemas de la condición humana: la ambición, la pretensión de superioridad de unos sobre otros, la del creer que la razón es propia de sus personas; todas son condiciones naturales que hoy se declaman en estos lugares pero mañana podrían ser exportadas a cualquier lugar donde el gérmen de estos delincuentes exista.
Basta mirar con cierta tristeza innegable el accionar de los ex-indignados transformados en Podemos en España, que buscan asesores de estas regiones para llevar esta política a su región; si triunfasen pronto se olvidarían de la democracia para transformarse en pequeños aprendices de dictadores y con una sociedad quebrada y en pugna.
¿Qué hace el mundo? Nada.
"Es problema de ellos", dicen.
Aquellos que nacimos en la década del '50 y creíamos en una revolución pacífica del "haz el amor y no la guerra", los que no empuñamos las armas para matar a los que no pensaban como uno, llegamos a este momento descreídos de esta sociedad.
Y uno se pregunta: ¿existe algún lugar en el mundo donde se pueda vivir en paz, libres, con posibilidades de crecer y generar esperanzas sin estos dictadores asesinos?
La Argentina se encamina a un año más difícil que los anteriores.
El tiránico poder actual quiere permanecer en el poder aunque más no sea entre las sombras; para mantener su vida de lujos, sus bienes ganados a fuerza de robos, depredación; pero más allá de todo lo material buscan mantener su mentira, creerse que ellos son los grandes salvadores; su megalomanía les impide ver la realidad tal como es, sino a través de sus distorsionadas apreciaciones. Necesitan sentirse superiores, aunque sean enfermos que requieren un tratamiento urgente.
¡Viva la libertad!
Un dato de hoy: la Turquía de Erdogan apresando policías o diciéndoles a las mujeres que su lugar está en la maternidad y la casa...
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