La muerte del Fiscal que instruía la causa del atentado al edificio de la AMIA. Las amenazas de muerte recibidas por el Juez que entiende en la causa que involucra directamente a la Presidente de Argentina y su familia. El apartamiento del Procurador General por el encauzamiento del Vicepresidente. El intento, afortunadamente fallido, de otro Fiscal que investigaba la apropiación por parte del Vicepresidente de la imprenta de billetes. La intromisión de parte de la Procuradora general a las computadoras de otros fiscales que estudian causas de corrupción y otros delitos de parte de personajes del Gobierno. La insinuación de realizar estudios para determinar si un Juez de la Corte Suprema está o no en condiciones de continuar sus funciones.
¿Puede pensarse que todo esto es obra de casualidades?
Estamos asistiendo a una suma de actos premeditados, torpemente premeditados, que se orientan a establecer un marco de impunidad a todos los actos de estos personajes.
El gobierno miente hasta límites insospechados para tratar perpetuarse en el poder.
Fortalece al Comando de las fuerzas armadas, que se dedica a investigar descaradamente a periodistas, opositores y cualquier vecino que no tenga nada que ver con los personajes del gobierno, copiándose de los planes del dictador que transformó la República de Venezuela en un lugar donde se asienta la pobreza, la miseria, la desesperanza, la desigualdad social, la falta de libertad, etcétera.
Tristes días estamos pasando, mientras la Presidente se fue a hacer papelones y firmar acuerdos espurios que condicionarán la vida de varias generaciones de argentinos, degradando la vida por estos lugares.
Estamos mal, pero vamos peor.
La esperanza que nos queda está en las próximas elecciones, para que gane la oposición no solamente la presidencia, sino también en las mayorías de las Cámaras del Congreso, para poder así impartir justicia contra este grupo que actúa como una verdadera mafia.
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